La fractalidad de un monumento.

por Víveme Yucatán

Al instalar el Greetingmanen un camellón del fraccionamiento Altabrisa al norte de la ciudad se reactivó la discusión pública sobre nuestros monumentos. Algunos cuestionan su belleza y otros su significado. Lo cierto es que se trata de un gesto de generosidad de Corea del Sur, también obsequiado a otras ciudades importantes del mundo.

Mérida es cosmopolita, culturalmente diversa y mestiza. El ayuntamiento nombró a ese tramo de vialidad urbana “Avenida República de Corea” para recordar la migración del pueblo coreano que llegó a Yucatán a principios del siglo 20 como mano de obra para trabajar en las haciendas de henequén.

Al transitar por la ciudad se pueden apreciar otros monumentos que embellecen el paisaje urbano. Muchos de ellos evocan a personajes históricos para la región: Felipe Carrillo Puerto, Manuel Cepeda Peraza y hasta Pedro Infante. Los hay también muy eclécticos: de ‘cohete’ (en la avenida Alemán), como muchos aviones de la fuerza aérea (sobre la carretera a Umán), y hasta el de un lingüista ruso que descifró los códices mayas (en las escalinatas del Museo del Mundo Maya). Complementan la lotería el monumento a la bandera, a las haciendas, a los niños héroes, a Jacinto Canek, al caminero, y los característicos arcos de bienvenida que solían delimitar la ciudad, entre otros.

«La estatua de los Montejo es una pieza más digna de un Museo que del espacio público«.
 Fotomontaje: Melissa Mena.

Con la controversia generada en redes sociales virtuales tras las protestas feministas del pasado 8 de marzo, Día de la mujer, se confirma que nunca antes estos vestigios tuvieron tanto significado. La intervención en la estatua de los Montejo podrá ser penalizada bajo un punto de vista muy riguroso por “vandalismo», pero me parece más justo enmarcar esa acción poética en los anales del “iconoclash”.

El iconoclash (del juego de palabras entre iconoclasia y “clash”, o choque) es una postura artística y política distinguible por la “destrucción” y reapropiación de imágenes simbólicas que ya no están vigentes. Se hizo durante la conquista de imperios antiguos con sus imágenes religiosas y se realizó en la “Primavera árabe” durante el derrocamiento de algunas dictaduras.

Como una figura con patrones repetidos en diferentes escalas, los monumentos pueden ser recorridos para apreciar su fractalidad y su despliegue de capas de significado: expresan los símbolos de nuestra identidad cultural, recuerdan la historia oficial de las instituciones y depositamos afectos en ellos, conformando una psicogeografía del territorio. Las esculturas que se erigen sobre el asfalto sirven como distribuidores viales y puntos de ubicación geográfica, pero también como objetos de culto. De acuerdo a nuestras varias experiencias con la ciudad, si hiciéramos un mapeo, muchos de los referentes para ubicarnos en el territorio se conformarían en torno a ellos.

A veces ignoramos la historia de esas estatuas y asumimos su representación enaltecida. Sin embargo, por mero ejercicio crítico necesitaríamos cuestionar la actualidad de esos símbolos. La frase de Fernando Vallejo, “la gloria es una estatua cagada por las palomas”, se posa entonces sobre las buenas conciencias que veneran algunos valores caducos para la sociedad.

En ese sentido, ¿qué fue lo que nos molestó tanto de las pintas a la estatua de los Montejo? ¿La destrucción de su valor plástico y volumétrico como escultura?, ¿la apropiación del espacio público por parte de las protestantes?, ¿nuestra falta de protagonismo ante la agresión a ese símbolo que representa el racismo y exterminio? O bien, ¿el cuestionamiento incisivo del poder patriarcal, la supremacía aristocrática, la desigualdad de riqueza y la polarización de la sociedad?

Porque si somos quisquillosos, basta con abordar algún “tren del mame” en Facebook para sorprenderse con la cantidad de memes que parodian, con ingenio y burla, la representación solemne de muchos de nuestros emblemas urbanos, y sin mayor controversia social…

La estatua de Gonzalo Guerrero en Prolongación Montejo me parece un ejemplo más congruente y respetuoso con la historia. No es un testigo mudo. Es un estandarte que nos recuerda a todos los meridanos la lucha por la inclusión social.

En fin, la preservación de los monumentos habla del compromiso de un gobierno  con la identidad, la imagen y el territorio de su pueblo. Cuando el diálogo con las instituciones que construyen el espacio urbano se torna unidireccional, los manifestantes encuentran la manera de visibilizar sus demandas, muchas veces con transgresiones no deseables para la mayoría.

Por ello se requiere un criterio más inclusivo: la X’tabay, La Mestiza y La Madre son algunas imágenes femeninas reconocibles en los monumentos de la ciudad, salidas de nuestras propias expectativas de género. ¿Cabría entonces una nueva insignia que conmemore los nuevos ideales de la agenda feminista por la búsqueda de la equidad de género?

Me da la impresión de que la Rotonda de las Mujeres Ilustres de Yucatán, inaugurada en 2011 en el parque Margarita Maza del fraccionamiento Jardines de Mérida por la entonces alcaldesa Angélica Araujo está en pleno olvido. Hoy en día no tiene foco mediático porque no se encuentra en un lugar céntrico, no tiene reseñas en Google, y hasta hace algunos años fueron robados, a punta de cincel, los bustos de bronce de Elvia Carrillo y Felipa Poot, incansables luchadoras por los derechos humanos.

Entrada de blog y fotografías en colaboración con Mario Galván.

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