Ser antifrágil ante el cambio

por Víveme Yucatán

La resistencia al cambio es algo que mucha gente tiende a tener, pero no necesariamente de manera consciente. Sin embargo es algo completamente natural, es la puerta que cierra con llave la zona de confort. 

Existe quien busca constantemente correr antes de caminar, ante cualquier situación, y esa actitud suele ocasionar que la persona sufra mayores tropiezos en su vida… lo normal sería que llegue a un punto de agotamiento tal, que al encontrarse en una “zona segura”, quiera permanecer ahí. Sobre todo aquellas personas que han vivido demasiado.

Si todo el tiempo buscamos retos, la vida es capaz de ser como aquellos entrenadores de artes marciales que provocan cayos en sus estudiantes para generar resistencia en ciertas zonas del cuerpo –golpeando aquellas zonas que normalmente son vulnerables– de tal forma que se cree un escudo natural para el combate.

Lo anterior es precisamente un ejemplo claro de lo que es la antifragilidad: lograr no solo regresar al mismo estado (resiliencia) sino mejorar exponencialmente con base en la experiencia.

En estos momentos que vivimos a nivel mundial, es justamente lo que necesitamos como individuos y como organizaciones. En todos los niveles sociales, políticos, culturales, geográficos, el cambio es inevitable, y cada vez va en mayor aceleración hacia nuevos horizontes y paradigmas.

Somos seres emocionales, seres de relaciones y seres de lenguaje. No tenemos porqué ser víctimas de lo que sucede sino más bien responsabilizarnos de nuestra interpretación y reacción a los acontecimientos, recibiendo su aprendizaje con gratitud. Y esto no se debe ver solo como un pensamiento new age, de esto depende la salud organizacional de cualquier proyecto.

Siempre que algo se gana, algo se pierde. Esa es la base del cambio. Podemos aprender a vivir con una postura antifrágil, incluso cuando ignoramos las razones de lo que acontece, por ejemplo con temas tan cambiantes como la nueva recesión, las guerras biológicas, los conflictos económicos y territoriales a nivel internacional, etc. Pero también con situaciones personales como pérdidas de seres queridos, crisis económicas y profesionales, limitaciones de cualquier tipo (completamente justificadas).

Probablemente con la excepción de ese pequeño porcentaje de gente en el mundo que aparentemente no tiene nada de qué preocuparse, estos contextos cambiantes hacen que cualquier persona se sienta amenazada ante la incertidumbre y ante tantos paradigmas y órdenes mundiales que están cambiando.

Hay una frase que dice: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”; la cual se puede reformular como: “Las emociones son inevitables, el sentimiento es opcional.”

Enfocándonos en el lado humano, el aspecto individual y consciente de cada individuo, estos acontecimientos, antes de vivirse de manera colectiva, se viven primero de manera individual. Considerando la velocidad a la que viaja hoy en día la información, y lo complejo que es encontrar fuentes confiables, lo que sucede en el mundo nos llega de primera mano, y de manera individual, personal, tenemos que aprender a gestionar lo que entendemos y lo que no. 

De lo contrario, sin este entendimiento, no habrá un aprendizaje completo de todo lo que está aconteciendo, y si no hay un aprendizaje, no podremos evitar que se repitan ciertos errores colectivos en los que hemos caído en el pasado. El juego se llama evolucionar

Es bien sabido que para evolucionar a nivel colectivo, primero tiene que evolucionar el individuo. Ser antifrágil es buscar una resiliencia mejorada en nosotros. De tal forma que no solo nos “anclemos” al suelo cuando llega la tormenta –que al terminar, seguiríamos aferrados al mismo lugar– sino más bien aprender a navegar en dicha tormenta, aprender a desarrollar las habilidades personales, profesionales, interpersonales, que nos llevarán a otro puerto seguro en un futuro… o no, y aprenderemos a navegar ante cada vez mayores adversidades.

La evolución se logra entendiendo conscientemente el aprendizaje que cada experiencia esconde. El aprendizaje es el motor del cambio.

Algunos dicen: “Si algo sale bien, no le muevas.”, mientras que otros exclaman que no hay nada peor que justificar la resistencia al cambio diciendo que “así siempre se han hecho las cosas”. Gracias a la tecnología las experiencias que hoy podemos tener son infinitas, y de cada una de ellas podemos aprender; hay que perder el miedo a conocernos y a enfocarse en esa auto-observación que permite la reflexión. Aquí aplica el dicho: “No te preguntes por qué, pregúntate para qué está sucediendo esto.”

Ante la situación actual a nivel mundial lo mejor para cada individuo es aprender a colaborar con otros, no por la necesidad sino por el gusto de hacerlo. Lo último que necesitamos es sentirnos rezagados, divididos, incomprendidos.

Nadie puede llegar solo a donde vamos como humanidad, la colaboración entre diferentes sectores sociales, ideologías, políticas, preferencias y comunidades es la clave.

Por ejemplo en las empresas, hace algunos años se percibía como algo normal fomentar una competitividad tóxica entre los colaboradores, lo que hace que la rat race sea infinita y nunca termine, ignorando las repercusiones psicológicas que estas actitudes generan al largo plazo en la sociedad. 

Lo ideal en estos tiempos es ser más sensibles para identificar las habilidades suaves de las personas y reconocer el valor de su presencia en nuestros proyectos. Todos tienen algo que aportar, y cualquier persona puede llegar a ser pieza clave para el crecimiento de los proyectos en los que forma parte. 

Aquí se encuentra el valor de fomentar el desarrollo individual en cualquier proyecto colectivo, el bienestar de los colaboradores es equivalente al bienestar de toda la organización.

No debemos dejar de comprender que todos, sin falta, han pasado o están pasando por momentos difíciles desde hace unos años al día de hoy. Quienes ya la libraron pueden aportar –y generar colaboración– con quienes todavía están batallando. Una forma simple de colaborar es compartiendo experiencia y conocimiento.

La realidad se comporta con nosotros como nosotros nos comportamos con ella. 

El primer paso es reconocer la actitud que se tiene ante la vida; afortunadamente muchas personas y empresas han logrado salir adelante, buscaron alternativas, encontraron soluciones creativas (pensaron fuera de la caja) y buscaron permanecer –sanamente– en esa zona de riesgo en la que obtenemos el entrenamiento suficiente para arriesgarnos a tropezar, no solo para aprender de ello sino para crecer, mejorar y seguir avanzando hacia un camino mucho más eficiente, estable y seguro.

Únete a nuestra comunidad y déjanos tu opinión, estamos en Instagram como @viveme.mx

1 comentarios

Avatar
Hipolita agosto 8, 2022 - 9:18 am

Así es cada persona es importante, cada una siempre va a aportar algo en el crecimiento tanto en la vida como en la empresa.

Responder

Escribe un comentario

Quizás te interese