Tu entorno, tu energía.

por Víveme Yucatán
Crezcamos en colectivo

Podemos llegar a pensar que somos individuos independientes del entorno que nos rodea, como si existiese una barrera entre nosotros y el mundo exterior. Es un sentimiento que, aún más en tiempos de post-pandemia, puede haber generado una brecha entre nuestra paz interior y la paz con lo externo a nosotros. No es ningún secreto la afectación que el encierro generó a nivel individual y colectivo, afectación que hoy en día muchos quisiéramos ignorar, aunque ya sea demasiado evidente el cambio de paradigma que estamos viviendo.

No todo se debe echar en saco roto. El mito del individualismo se ha hecho más presente en la realidad los últimos años, donde la competitividad manda y el objetivo es generar la mayor cantidad de recursos para uno mismo, rara vez pensando en los efectos que esto pueda generar a su alrededor y sobre otros, refiriéndonos a aquellos individuos con los que no interactuamos ni obtenemos algún tipo de beneficio material o social por ayudar.

Foto: @sorbete__de_limon

Nuestro medio ambiente es un ente en sí mismo con el que nos relacionamos y nos transformamos en conjunto. Nuestro entorno es un reflejo fiel de nuestro estado interior, de nuestra energía, de las ideas y pensamientos a los que les prestamos atención.

Esto se vuelve más evidente cuando miramos el estado ambiental del planeta a causa de un sistema centrado en obtener beneficios meramente económicos y hacer todo lo posible por aplazar un cambio estructural el mayor tiempo posible. Vivimos en un sistema social que le tiene un gran pavor al cambio.

Todo tiene un costo… y por ello ahora mismo la humanidad se enfrenta a las consecuencias de una cultura egocentrista, que a pesar del grave peligro que se avecina, muchas veces sigue prefiriendo mirar hacia otro lado y hacer como si no fuera su problema. La verdad siempre termina triunfando… y así sucedió algo que pocos esperan: se nos obligó a pasar tiempo con nosotros mismos.

Este tiempo generó un efecto dominó en el que, al no encontrar huida, tuvimos que mirar hacia adentro.

Encontramos la verdad sobre nosotros mismos y sobre la relación con nuestro entorno. Nos dimos cuenta de la importancia de estar bien por dentro para poder estar bien por fuera.

Foto: @seira.mx

Ahora sentimos que las cosas han mejorado, pero no nos percatamos que es muy probable que la razón principal sea porque primero tuvimos que repararnos en lo individual para poder hacerlo en colectivo.

¿Qué podemos hacer como individuos para ayudar a nuestro inconsciente colectivo a trascender su propio egoísmo?

Empecemos por pasos pequeños: entendernos y observarnos a nosotros mismos. Observemos atentamente las cosas simples de nuestro alrededor; ¿Qué tan limpia está mi habitación?, ¿Cuánta basura que ya no me sirve sigo conservando?

Es en nuestro entorno donde podemos encontrar los planos con los que creamos una agradable experiencia (o todo lo contrario).

En estos tiempos de nueva normalidad tenemos la oportunidad de analizar nuestros
escenarios cotidianos, ¿qué podemos hacer para sentirnos más cómodos en casa y/u
oficina? Al respondernos desde el corazón podemos observar cómo es realmente nuestro
reflejo en la cuadra en la que vivimos, en la colonia, en nuestra ciudad, país… en unestra comunidad.

Todo lo que observamos afuera es un reflejo de lo que somos dentro (y este tiempo de “introspección obligada” nos hizo enfrentarnos a nosotros mismos para resolver aquello interno que afectaba lo externo).

Descubrimos que podemos vivir en paz con nosotros mismos y con nuestro entorno para incluso de esta manera aportar nuestra propia energía a un mejor panorama colectivo.

Foto: @boidemx

Respetar y tolerar las diferentes opiniones, reconocer que no todos buscamos lo mismo, entender mejor cuando nos enfrentamos a un desacuerdo… Son algunas de las cosas que hemos tenido que aprender en el encierro, pero que finalmente también ya claramente se requerían en nuestras dinámicas socioculturales y económicas actuales.

Cuestionarnos constantemente qué es lo que estamos haciendo y por qué lo hacemos (siempre desde una postura amorosa y compasiva hacia nosotros mismos) se vuelve fundamental para poder tener poco a poco un mayor nivel de consciencia tanto de nosotros mismos como del ambiente que nos rodea, y así poder ir dando pasos en cuanto al compromiso tanto con nosotros mismos como con nuestro amado planeta Tierra.

La (errada) idea de que la personalidad es algo que viene completamente del interior del individuo con poca o nula influencia de los factores que rodean a su persona, nos ha nublado la vista en cuanto a nuestra inherente necesidad humana de conocer nuestro entorno para poder conocernos a nosotros mismos. Es solo a través del reflejo con otros que uno puede descubrir su verdadera naturaleza.

Tu entorno influye en tu actitud, y viceversa. De la misma manera, tu actitud influye en tus relaciones, y tus relaciones en tus dinámicas sociales… De esta forma vivimos en un entramado de energía interior co-creando nuestra realidad exterior.

Cuando pensemos que nuestros hábitos privados son suficientemente ajenos a nuestro entorno, deberemos pensarlo dos veces. Si tenemos la ropa tirada en el piso, los platos sin lavar, la casa desordenada u otras tareas sin cumplir, a la larga ese desorden lo proyectaremos a las dinámicas que vivimos como comunidad. Está en nosotros el cambio que tanto hemos estado esperando como sociedad.

A través de esta introducción a un tema que creemos es de relevancia para todos, buscamos generar un diálogo con nuestros lectores para poder tener un debate sano y productivo sobre cómo podemos intervenir para hacer de Yucatán un mejor lugar para todxs. ¡Gracias por leernos! Déjanos un comentario opinando que piensas podría ser lo mejor para nuestro estado.

Únete a nuestra comunidad en @viveme.mx

Créditos de colaboración en idea y redacción:
Mauricio Peniche Romero y Juan Pablo Febles Cámara

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